Quizás haya sido uno de los asturianos con más y mejores titulares en la prensa nacional y deportiva de este último verano. Al menos, es seguro que él y su familia recordarán siempre con mucho agrado lo sucedido entre junio y julio de 2011, meses en los cuales Adrián López (Teverga, 1988), el “guaje pequeñu” de Pepe “Patona”, minero del Nicolasa y del ya recordado pozo San Jerónimo, lideró a la selección Española de fútbol en la consecución del Campeonato de Europa Sub-21 de Dinamarca.
La suya fue una participación estelar, dentro de la ya conocida como La Rojita, y que Adrián rubricó nada más y nada menos que con el título de mejor jugador y Bota de Oro del Torneo, un premio que le sitúa como uno de los delanteros más prometedores del fútbol mundial y una carta de presentación inmejorable a la hora de avalar su fichaje por uno de los clubes más importantes en la historia del balompié español: el Atlético de Madrid.
De hecho, la llegada del asturiano al equipo rojiblanco ha venido a aliviar la marcha más o menos traumática de las que han sido hasta ahora las dos grandes estrellas del Manzanares, Diego Forlán y sobre todo, el Kun Agüero, el yernísimo de Maradona. Palabras mayores que sin embargo no asustan a Adrián, cuyo descaro y desparpajo dentro del campo, es proporcional a su primera impresión en la calle, de chico apocado y tímido.
Pero a pesar de esa enorme responsabilidad de sustituir a dos “cracks” del fútbol mundial, cuya calidad no les eximió de las presiones que siempre ejerce, entre el cielo y el infierno, ese difícil templo que es el Vicente Calderón, el guaje de Teverga ha encandilado a la afición colchonera en sus primeras semanas en Madrid, ganándose a la grada y a la prensa que sigue el Atlético con su estilo, fiel a tres de las virtudes consustanciales a esta familia minera de teverga: trabajo, humildad y compromiso. Y es que Adrián tiene grabados a fuego en su ADN en esos valores de chico responsable, con sentido del deber, que tanto gustan en un mundo cada vez más superficial, y no digamos en el fútbol.
Precisamente, en medio de esa vorágine mediática en la que se ha convertido hoy la industria futbolística, el 7 del Atlético y de la España sub 21, muestra junto a su padre un evidente apego a sus raíces mineras y teverganas. Lo hace con todo un gesto, recibiendo a los compañeros del Montepío de la Minería, Miguel Ángel Díaz Collado y Juanín, en el pozo San Jerónimo, último bastión minero de los Valles del Oso. Las movilizaciones mineras en Teverga “Sois de los nuestros”, dicen al unísono los López, padre e hijo, mientras muestran con orgullo a Collado y a Juanín, también tevergano y amigo de la familia, las rehabilitadas instalaciones del San Jerónimo. El padre de Adrián, José Luis López, más conocido en su tierra como Pepe Patona, recuerda los intensos meses de lucha sindical para asegurar el pan para su familia. Eran tiempos convulsos para las Cuencas mineras y para el sector industrial asturiano. Sobre todo, en la minería privada. Teverga, que llegó a contar medio centenar de explotaciones, ya solo le queda el recuerdo.
Pepe lo sabe bien. Hasta alcanzar la prejubilación en Hunosa, no lo tuvo nada fácil. Una foto del año 88, tras la salida de un encierro en la mina de Santianes recupera lo vivido aquellos meses de incertidumbre, con alguna desgracia personal. Mientras lo relata, Adrián alza la vista por encima del antiguo castillete de Hullasa y sueña con seguir cumpliendo con los sueños y peleas de su familia, de sus amigos y vecinos, de sus entrenadores, por un futuro mejor: triunfar en el Atlético de Madrid y ganar con La Roja el Torneo de fútbol de los próximos Juegos Olímpicos de Londres.
El de los Juegos Olímpicos se ha convertido ya en un sueño recurrente para Adrián. Con Mata, compañero de habitación en la Sub-21, con Cote (Roma) o con Canella (Sporting de Gijón), podrían emular una terna asturiana de Oro, como la que en su día cosechó la gloria olímpica de Barcelona en 1992, con aquellos geniales “yogures” de Mareo llamados Abelardo, Luis Enrique y Manjarín. Y Adrián López, que ya fue también bota de Plata con España en el Mundial Sub 20 de Canadá, cuenta para un objetivo “prioritario” para el Comité Olímpico Español y la Real Federación Española de Fútbol, sabedores de que el deporte, especialmente el fútbol, ha sido una de las cosas de la vida que más alegrías ha dado al país en estos complicados y difíciles tiempos.
Las historias de la mina pesan, y Adrián sabe que ser futbolista, por muchos sacrificios, viajes y carreras por la banda que tenga que dar, una y mil veces al día, es ser hoy en día un privilegiado. Se lo recuerda su padre, que sabe lo que es ser un “excedente minero” e ir a meterse de madrugada, cuando el hielo cruje bajo las botas embarradas, a una bocamina de montaña en Teverga. La muerte de un compañero en la mina “En los 80 o 90, cuando nació Adrián, la lotería era entrar en Hunosa”, recuerda Pepe, que apostilla: “Sin embargo, mira que lotería que cuando llegué a Nicolasa, mi amigo y compañero, Alfonso Cuesta “el Canario”, de Olloniego, con el que compartía el día a día en el tajo, se mata en un accidente en el que muere también el vigilante, José Manuel (Villabrille)”.
El primero, con dos hijos y 16 años de experiencia en la mina. El segundo, de Ujo, con una hija de 14 años, y 10 años en Hunosa. La vida nos enseña lecciones terribles, sobre todo a los mineros. Adrián no es ajeno a estas historias. No sintió miedo, porque a diferencia de David Villa, que si vio a su padre salir de la mina de Tuilla herido hacia el hospital, nunca paso nada. Pero si recuerda a su padre “en activo, preocupado y ajetreado, madrugando para ir a Nicolasa y pidiéndole a mis hermanos mayores que estuvieran pendientes de mi, que me llevaran o me trajeran a entrenar…”. Y es que el fútbol ha sido siempre la válvula de escape de la familia López, desde su padre, durante muchos años delantero centro del Deportivo de Teverga, con fama de ser “muy poco repartidor de juego”, hasta sus hijos mayores, que del campo de Entrago pasaron por el Covadonga o la Peña Berto, de Liga Nacional. Los hermanos siguen jugando en el Peña Sobia, recientemente ascendido a la categoría Preferente del fútbol sala asturiano. Pero Adrián es el hijo pródigo, el pequeño en el que toda la familia, incluidos sus hermanos mayores Israel y José, se ha concentrado para que sus especiales habilidades con el balón, pudieran cumplir con la suerte final de entrar en la élite del fútbol.
Cuando Adrián ni soñaba de lejos con ser futbolista, “simplemente se divertía con el balón”, su padre ya recorría todos los días 80 kilómetros, ida y vuelta, con todas las curvas que tiene ese valle del Oso, para llevarlo a entrenar a Oviedo, al Covadonga. “Y luego al día siguiente, bien temprano, pa Ablaña, a trabayar…”. Años de sacrificada monotonía familiar: de casa al cole, del cole al trabajo, del trabajo al fútbol… la madre con los deberes y el bar y el padre con el deporte.
En si mismo, Adrián es la alegría de su pueblo, de Teverga, de San Martín, de La Plaza y de alrededores… todos hablan maravillas de él y de su familia. “Gente muy honrada y trabajadora, muy conocida en el pueblo”, te cuentan rápidamente los vecinos, sin ocultar el orgullo de tener entre los suyos a una de las estrellas del fútbol español. El abuelo de Adrián fue carnicero y su madre, de Sogradio, en Proaza, regentó durante muchos años un bar… que por cierto, era el feudo elegido por los aficionados merengues de Teverga para ver los partidos del Real Madrid. Los del barsa, lo hacían en La Caja. El abuelo materno trabajó en la Fábrica de Trubia; y Pepe Patona en la mina hizo de todo: ayudante minero, embarcador, señalista… y en un “chamizu de montaña”… pues ya se sabe. El valor de un triunfo tras una temporada difícil con el Depor Adrián sabe de ello, le gusta y no escatima en gestos y halagos en cuanto tiene oportunidad.
“Estoy muy contento de que en Teverga estén tan felices o, incluso más que yo, porque ellos son muy importantes en mi carrera”, declaró el futbolista tevergano, Bota de Oro en mano, a su vuelta de Dinamarca un medio de comunicación nacional. Las credenciales de ser declarado por la UEFA como “el mejor jugador del Torneo” alimentaban los deseos del Atlético por incorporarle cuanto antes a sus filas. Por el medio, un juicio pendiente con el Deportivo de La Coruña, su anterior casa, con sinsabores recientes. Quizás por eso, el joven pichichi es de los que valora este éxito de una manera notable. No es para menos.
Al Europeo de Dinamarca llegó con la moral muy tocada. El Depor, el equipo que apostó por él cuando simplemente era “el guaje que vino del Oviedo”, acababa de certificar solo pocos días antes su descenso a Segunda División, a la rebautizada Liga Adelante, una categoría que los del Atlético denominaron en su día “el infierno” y que supone un mazazo en toda regla para uno de los equipos que los últimos años se había codeado de la mano de Lendorio y con sus fichajes estrella, con las grandes escuadras del fútbol europeo.
El Super-Depor en Segunda es un hecho difícil de digerir, máxime teniendo en cuenta que Adrián era considerado de la “cantera”, por venir muy joven y que tenía que Luis Milla, el técnico de la Sub21, le había pedido una motivación extra, para clasificar a España para los Juegos y, si cuadraba, ganar el Europeo. Además, Adrián tenía desde hacía meses, una oferta en firme del Atlético y el Depor, con o sin descenso, no le iba a dejar marchar fácilmente, sin hacer “caja” por una de sus figuras. Lendoiro aprieta siempre, en los despachos y en los juzgados. El ciclo de Adrián en La Coruña había acabado, pero lógicamente no es lo mismo marcharse con un descenso. Trago amargo, antes de la Eurocopa.
“Con su padre recién prejubilado en Hunosa, los padres de Adrián no dudaron en acompañarle cuando fichó por el Depor; pero la casa de Teverga siempre estuvo abierta” Adrián había llegado a A Coruña con 18 años, procedente de un Real Oviedo en horas bajas. La lotería de haber entrado en Hunosa comenzaba a dar en cierta medida sus frutos, puesto que la casualidad quiso que Pepe alcanzase los años para prejubilarse con la oferta del Depor. Y tomó una decisión que todos los que están próximos a Adrián valoran como un acierto y esfuerzo en todo regla: decidieron marcharse con él a vivir a A Coruña. “Igual me daba estar en Oviedo, que en Teverga, que en La Coruña, y yo creo que eso a Adrián le dio mucho apoyo y mucha estabilidad”, nos cuenta el padre. Y es cierto.
En agosto de 2007 el diario El País ya reconoce a Adrián López como una estrella en ciernes y le ofrece un reportaje con Fran, Santo y Seña del mejor Super-Depor, el gran capitán de aquel equipo del que se recuerdan a Bebeto, Mauro Silva o al profesor Arsenio, el bruxo de Artexio, cuyo 1-5-3-2 cubrió de tardes y noches de gloria la alfombra de Riazor. Adrián, reflexionando sobre el porqué triunfa o no un futbolista, le comentaba a Fran: “Yo vivo con mis padres… mis padre era minero y está retirado y han podido venir conmigo; y así es mucho más fácil porque quieras o no te controlan”. Fran se despidió: “Tu ahora solo tienes que disfrutar con el fútbol y aprovechar tus grandes condiciones, sin pensar en más”. Palabras de maestro, como lo es Valerón, su padrino en Riazor.
Adrián aterrizó a la ribera del Manzanares en julio. "Todos los futbolistas quieren estar en un equipo grande", declaró al Marca y al As. Protagonista desde el principio, sus goles y asistencias sirvieron para lograr la clasificación del Atlético para la Europa League, un escaparate, junto a la Liga Española y la Selección junior. Ni la salida de Forlán ni la entrada de Radamel Falcao, la estrella venida del Oporto (por 40 millones fijos, y 7 en variables), han perturbado el juego y el ánimo del chavalín del Covadonga, que se ha ganado el 7 en el 11 del míster Manzano. Un gol suyo, oviedista confeso, salvó al Alavés y de rebote ayudó al Sporting a volver a Primera
Por delante queda una temporada larga, pero pocos como él saben lo que es el peso de una grada, la necesidad de una victoria. Lo mamó desde que prematuramente Antonio Rivas lo hiciera debutar en este Real Oviedo de Urgencias. Lo hizo en la temporada 2005/06, con solo 17 años, sintiendo la ansiedad de un histórico acuciado por su situación. En 2006 llega A Coruña y lo ponen contra el FC Barcelona. El guaje no defrauda y le hace un gol al Barsa. Pero a la temporada siguiente, el Depor lo cede en el mercado de invierno a otro Depor con Urgencias, el Alavés. Cesión prodigiosa para los vitorianos, y por cierto, de rebote, también para el Sporting y el fútbol asturiano. Tres goles suyos decisivos valieron al Alavés, otro de los que pasó del todo (de las finales europeas) a la nada, para amarrar la permanencia. De hecho suyo fue uno de los goles de aquella histórica remontada a la Real Sociedad, que en dos minutos, del 88 al 92, vio como su otro rival vasco se libraba milagrosamente del descenso y restaba a los de San Sebastián de 3 puntos que dejan abiertas las puertas del regreso a Primera al Sporting de Gijón, tras 10 años en Segunda. Adrián, que al finalizar esa temporada regresaría con honores a La Coruña, sonó como refuerzo para el Sporting, pese a su pasado azul. Sin embargo, y pese a que una parte de la afición sportinguista recomendaba en los foros, la recuperación de Adrián para el fútbol astur, la apuesta rojiblanca por el goleador de Teverga vendría desde Madrid.
Es una maldición que parece perseguir a los grandes astros regionales: Villa, Luis Enrique, Aberlardo, Mata, Cazorla… “nadie es profeta en su Tierra”. Adrián, que reconoce que sería “un sueño muy agradable” enfrentarse en el Manzanares a un Real Oviedo y a un Deportivo de nuevo ambos en Primera, siempre hizo goles allá donde fue, “pero sufriendo en el campo, por la necesidad de resultados”.
De hecho, tras retornar de Vitoria, el Depor vuelve a cederlo, esta vez a un Málaga CF en apuros, donde juega 30 partidos y hace 4 goles. La historia reciente en Depor ya es conocida, jugándose evitar el descenso hasta el último minuto. Incluso alzándose campeón con la España sub 21 en Dinamarca “sufrí mucho”, reconoce: “La semifinal contra Bielorrusia fue de infarto; estábamos jugando fantástico, llegando, haciendo ocasiones de gol, pero no éramos capaces de empatar…”. Junto con Mata y Cote, forman un trío asturiano que ya sueña con el Oro olímpico de España en Londres, como lo harían en Barcelona 92 Abelardo, Luis Enrique y Manjarín España estaba en casa, fuera de los Juegos Olímpicos. Un drama. Y llegó el minuto 89. El minuto mágico. Con 4 delanteros en el campo, a la desesperada, Capel entra por la banda izquierda y ve a Adrián en “la garita del 9”, metiendo el cañón por delante del central bielorruso para disparar y hacer un golazo de fuerza, para hacer el empate y prologar el partido 30 minutos más. Juanín Mata es el primero que llega a abrazarle. Los Sub 21 ya tenían algo parecido al famoso gol de Iniesta que nos valió el Mundial. Y eso terminó por espolear a los de Milla. “Más allá de que yo hiciera el gol, el fútbol fue justo con nosotros porque nos lo merecíamos por juego, nunca dejamos de creer y de luchar hasta el final”, rememora con cierta emoción. Adrián marcó de nuevo en la prórroga y el azulgrana Jenfren certificaría el pase a la final con Suiza.
Londres 2012, ya era un hecho y los suizos menos equipo. Ander Herrera y Thiago, con dos golazos, certificaron el mayor éxito alcanzado por Adrián con un equipo. Son muchos los que piensan que no será el último. Como decía la canción de ese famoso hincha colchonero llamado Sabina, el guaje de Patona “es tan joven (por edad) como viejo (por vivencias)”. Y el fútbol la experiencia es un grado.
“Estoy feliz en el Atlético porque he coincidido con muchos amigos, que ya han sido compañeros, como Filipe Luis, Raúl García, Alvaro Domínguez, Fran Mérida, Asenjo… espero no defraudar, aunque sé que cuento con el apoyo de Teverga, de Asturias y también del Montepío y de los mineros”. Hace años que para la familia López el verano es eso, viajes con la selección a torneos internacionales, pretemporada, nuevos equipos, nuevas expectativas, nuevos objetivos… pero Pepe aún recuerda cuando había que “aprovechar el mes de vacaciones que nos daban en la mina, íbamos al Balneario de Ledesma y descansábamos como príncipes: no había minero que no fuera de la mutualidad”. De vuelta del pozo San Jerónimo, el goleador mira la lámpara.
Piensa, pide un bolígrafo y sobre una Revista del Montepío, y estampa su dedicatoria: “De un hijo de minero, para toda la familia minera asturiana, con mucho cariño: Adrián López”. En una terraza de San Martín, con el sol madurando los frutos de la majestuosa vegetación tevergana, Collado y Juanín miran a Patona y le sonríen. Es un minero feliz y orgulloso. Y se despiden: “Pepe, esti guaje val mucho”.
Pues sí, “¡suerte campeón!”.

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