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Roquetas, un destino de cine: puerta de entrada a una región con playas de ensueño y paisajes míticos entre Lawrence de Arabia y Clint Eastwood

Hablar de turismo en Almería es hablar de Roquetas de Mar, una ciudad que hace apenas 20 años era un simple pueblo de pescadores y que, como muchos otros municipios del Mediterráneo, ha crecido de forma espectacular gracias a la agricultura de invernadero y al turismo. No en vano recoge el 70% de quienes visitan esta provincia andaluza. Pese a que hace años que el Montepío está presente en Roquetas, son muchos los mutualistas que aún no conocen un destino que además de sol y playa atesora en todo Almería atractivos históricos, gastronómicos, culturales y paisajísticos que seducen al turista y que merece la pena descubrir ¿te atreves a conocerlos con nosotros?

Quinto día de sol y playa en Roquetas, baño, caña y sensación de monotonía tras sumergirse en un descanso total. Ring, ring (politono de gaita). El móvil resucita en la mochila: “¡Hola Pepe! ¿estás en Roquetas?”. José, que es la primera vez que viene de vacaciones al hotel del Montepío, responde con cierta expectación: “Pues sí Manolo, aquí feliz, tostándome en la playa ¿qué quieres?”. Y el amigo le compromete a dejar la tumbona: “Oye, que estoy en San José, ¿qué si te vienes a tomar algo?”. Pepe se sincera “¿Y dónde queda San José?”.

La escena no es nueva, se repite mucho. Hotel-playa, playa-hotel y paseo por puestos y chiringuitos. Con Roquetas cubres, porque la oferta es perfecta. Pero desde lo alto del edificio del Montepío, si alzas la vista hacia el Nordeste, siguiendo la línea de costa, más allá de la vecina Aguadulce, se descubren paisajes muy bonitos, ideales para complementar las vacaciones del viajero mutualista. San José es uno de ellos, de hecho tal vez sea el pueblo marinero más bonito al girar el inexcusable cabo de Gata. A menor escala que Roquetas, San José también se ha convertido en un importante centro turístico. Con sus pequeñas casas blancas, la mayoría nuevas que dejan casi en el olvido el origen pesquero del pueblo, y los muchos puestos y tiendas de artesanía, joyas, abalorios y ropa, le dan un interesante aire entre progre y hippie. Pero si San José es imprescindible a la hora de conocer paisajes es porque al final del pueblo, en su salida sur, tenemos los accesos a varias playas que seguro están entre las mejores y más paradisíacas de España. De hecho el anuncio de Turismo Andalucía, el de la música de Chambao que te dice eso de “déjate llevar por las sensaciones”, tiene varias secuencias grabadas en los arenales y calas que se encuentran desde San José a Gata. Por orden, siguiendo la pista sin asfaltar que encontraremos: playa de los Genoveses, calas Amarilla y Chica, Barronal, Monsul y Media Luna y Cala Carbón. Por fama, Genoveses y Monsul se llevan la palma, pero todas son tan espectaculares como vírgenes.

En San José quedamos con Manolo y su esposa. Pero desde allí ya sé intuye que la visita al Cabo de Gata es fundamental. El acceso a este saliente merece un requiebro por las carreteras locales: de Pozo los Frailes a Ruescas para entrar en San Miguel de Gata por Pujaire. Por esa zona descubriremos un paisaje de cine. Y cuando el guía de turismo te diga de cine, te lo dice en el significado literal de la palabra, puesto que allí tienen a gran orgullo haber sido el escenario de varias películas míticas, sobre todo las de Clint Eastwood, las denominadas “Spaguetti western”, del director Sergio Leone.

Del desierto de Tabernas y Albaricoques, al paisaje marinero de la almadraba y el Cabo de Cata En los bares (o cantinas, haciendo bueno el lenguaje del viejo Oeste americano) no faltara quien nos cuente anécdotas de la grabación de estos largometrajes. Resulta curioso que míticas películas de vaqueros o la del gran Lawrence de Arabia no haya dado más fama mundial a Almería, que empieza a explotar de verdad el tema con algún parque temático, como el de Oasys Mini Hollywood o el Cinema Studios “Fort Bravo”, ambos en Tabernas y plagados de carteles y shows que recuerdan en vivo desde “El bueno, el feo y el malo”, hasta la española “800 balas”, pasando por “Indiana Jones” o la afamada “Por un puñado de dólares”.

Si uno quiere hacer más fotos con historia, dos apuntes: Desde Boca de Los Frailes, se accede tirando recto a Albaricoques. Este pueblo con nombre frutal presume de ser el plato más natural del Oeste. De hecho, cuando Leone lo descubrió en los años 60 y 70 dicen que no dudó ni un minuto en su elección por el ahorro que suponía: a penas necesitaba atrezzo. La pobreza de la zona era tal que sus calles y su gente parecía un poblado de Texas de comienzos del XIX. Hoy Albaricoques, donde sus calles tienen nombres como Trinidad o Ennio Morricone, desarrolla con el “Plan E” un proyecto de divulgación de su laureado pasado cinematográfico que entre otras cosas presume de haber sido el hogar del que fuera Harry “el sucio”.

Más allá del tiempo y el espacio, aunque a solo 5 kilómetros, desde Ruescas a Retamar, se accede al parque natural de Gata por otro rincón de película digno de fotografiar: la ermita de Torregarcía, de cúpula redonda (parece ortodoxa), y la antigua torre vigía del siglo XV. Con la playa al fondo, efectivamente, es la misma que aparece en la escena de boda de la oscarizada Lawrence de Arabia. El paisaje desde aquí es impresionante. Hasta el cabo, siempre paralelos al Mar, encontraremos una recta interminable con torreones, lagunas protegidas por sus aves, faros, la enigmática iglesia salinera y las barcas de pescadores de la Almadrava, ese ancestral arte de pesca del atún, costero y de origen árabe, que aún conserva en Andalucía su laboriosa técnica, basada en laberínticas redes cosidas a mano.

Al final de la carretera, tras pasar los pueblecitos de pescadores, en lo alto, el cabo y el faro, de 1861, construido sobre el antiguo Castillo de San Francisco de Paula y el poético Mirador de las Sirenas. Desde aquí, una carretera colgada sobre el barranco nos abre unos paisajes aún más maravillosos, aún más por al atardecer, cuando el sol naranjéa el mediterráneo y hace que la puesta de sol sea una postal imprescindible de Almería.

“Manolo, que suerte que me hayas llamado, no por la paella, sino por lo que hemos visto: ha merecido la pena el viaje”, se despide Pepe antes de volver a Roquetas. Y lo hace con varias recomendaciones: La isleta del Moro (el más auténtico de los pesqueros de la zona), Los Escullos, Aguamarga, Carboneras y Mojacar, todos ellos en la línea costera que sube hacia Murcia, que sin duda es por sus aguas cristalinas una mina para los amantes del buceo, y de la inmersión simple, esa playera que se hace con las gafas más asequibles de la tienda de deportes. En todos esos puntos, buen paisaje y buen pescado.

De vuelta al hotel una tentación: entrar en Almería una ciudad en la que “¡dicen que se comen tapas excepcionales, alrededor del Ayuntamiento!”, le comenta Pepe a su mujer. Pero será otro día, la ciudad es grande, estamos de vacaciones y una buena cena espera en el comedor del Montepío, al arrullo del mar que rompe la arena de la playa de La Serena.

 

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